Después
de la procesión se celebró la Eucaristía
en la Plaza de Armas donde el cardenal Francisco Javier Errázuriz
presidió con la compañía del Nuncio Apostólico
Guiseppe Pinto, vicarios y varios sacerdotes. En la homilía,
el cardenal recalcó que la Virgen “quiere hacer de
nosotros discípulos misioneros del Señor con la
certeza, al final del Mes de la Patria, poco antes de que lleguemos
al bicentenario, de que nuestro pueblo puede tener vida en abundancia
en Cristo”.
Con
la confianza de ser queridos por Nuestra Madre del Cielo, encomendémonos
rezando: Bajo tu amparo nos acogemos, ¡Santa Madre de Dios!,
no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades.
Antes bien, líbranos de todo peligro. ¡Oh Virgen,
Gloriosa y Bendita!. Amén.