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Quiénes Somos
En nuestro Seminario esta etapa se inicia al ingresar al Seminario y se le conoce también como la etapa del “Llamado”. En ella se entrega y se dispone todo lo necesario para que el candidato, en un clima comunitario, inicie una adecuada introducción en todo lo que implica la formación sacerdotal. Es, por tanto, una “etapa puente” entre la vida laical y la nueva vida seminarística. Por tal motivo existe una relativa autonomía: los candidatos viven en casa aparte del resto de los seminaristas y tienen formadores que los acompañan a tiempo completo, dentro de un estilo de vida apropiado al momento que viven. Al mismo tiempo hay algunas actividades que realizan con los demás seminaristas, manifestándose así la unidad del Seminario.
En este período se continúa el trabajo realizado durante el tiempo del discernimiento vocacional. La heterogeneidad misma de los candidatos, según edades, experiencia, extracción social, estudios, exige buscar la manera de entregarles los elementos que faciliten su integración en la vida comunitaria.
Algunos de los objetivos más relevantes de esta etapa son:
- conquistar un adecuado conocimiento de sí mismo, de las características de su personalidad y de su historia real, el candidato
- profundizar en su discernimiento vocacional y clarificar las motivaciones, expresas o latentes, hasta llegar a la convicción, razonable y sobrenaturalmente bien formada, de que el sacerdocio diocesano puede ser el camino de su vida.
- iniciar el proceso de identificación con Jesucristo Buen Pastor. En este tiempo se ha de alcanzar una experiencia de fe personal, superando los vacíos que hayan podido producirse en el tiempo anterior. Acentuar la vivencia de las virtudes teologales. En este tiempo se enseñan los caminos de la oración.
- proveer a los candidatos de una formación básica humano-cristiana para alcanzar un adecuado nivel cultural y, especialmente, un nivel de formación cristiana en lo que respecta a la verdad que hay que profesar y vivir.
- introducir en la vida comunitaria dando espacios al diálogo, al trabajo en equipo y al servicio a la comunidad. La educación en las relaciones humanas y en las virtudes sociales también son parte de la formación en esta etapa.
El proceso formativo que se inicia en esta etapa se vive durante toda la vida, pero se cristaliza de un modo particular en los diversos “pasos” que el candidato va dando hasta llegar a su Ordenación Sacerdotal. Es así como en esta etapa la recepción de la cruz y la investidura del alba son signos visibles de este proceso de identificación con Cristo, el buen Pastor.


Pbro. Nelson Morales E.
Prefecto de Propedéutico
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