En 1992, la Exhortación Apostólica Post-sinodal Pastores Dabo Vobis sobre la formación de los sacerdotes, recogiendo la rica tradición de la Iglesia vertida en el Concilio Vaticano II, puntualizó que la formación intelectual del Seminario es ante todo la “inteligencia de la fe” (PDV 51-56). En efecto, “si todo cristiano debe estar dispuesto a defender la fe y a dar razón de la esperanza que vive en nosotros (cf. 1Pe 3,15), mucho más los candidatos al sacerdocio y los presbíteros deben cuidar diligentemente el valor de la formación intelectual en la educación y en la actividad pastoral, dado que, para la salvación de los hermanos y hermanas, deben buscar un conocimiento más profundo de los misterios divinos” (PDV 51). Por eso, “la dedicación al estudio, que ocupa una buena parte de la vida de quien se prepara al sacerdocio, no es precisamente un elemento extrínseco y secundario de su crecimiento humano, cristiano, espiritual y vocacional; en realidad, a través del estudio, sobre todo de la teología, el futuro sacerdote se adhiere a la palabra de Dios, crece en su vida espiritual y se dispone a realizar su ministerio pastoral” (PDV 51).
El Documento Aparecida siguiendo por esta misma senda reafirma que “el Seminario deberá ofrecer una formación intelectual seria y profunda, en el campo de la filosofía, de las ciencias humanas y, especialmente, de la teología y la misionología, a fin de que el futuro sacerdote aprenda a anunciar la fe en toda su integridad, fiel al Magisterio de la Iglesia, con atención crítica al contexto cultural de nuestro tiempo y a las grandes corrientes de pensamiento y de conducta que deberá evangelizar” (DA 323).
En concreto, los estudios del Seminario Pontificio Mayor de Santiago están articulados en tres etapas, a saber, Propedéutico o curso introductorio, Filosofía y Teología. En el Propedéutico “se trata de que el alumno se conozca y clarifique sus motivaciones hasta llegar a la convicción, bien fundamentada, de que el sacerdocio diocesano puede ser el camino de su vida” (DP 114). El tiempo de Filosofía se desarrolla en tres años de estudios de los principales tratados de la filosofía e importantes materias humanistas, para conducir a los estudiantes “a un conocimiento del hombre, del mundo, de la cultura, de Dios, apoyados en el patrimonio filosófico siempre válido y teniendo en cuenta las investigaciones y progreso de las ciencias” (DP 115). El tercer momento, después de un año de práctica pastoral, consiste en cuatro años de estudios teológicos. En esta etapa, cada seminarista “junto con procurar una síntesis teológica, ha de aspirar a realizar una síntesis vital” (DP 116).
“Queridos seminaristas, estos años de formación constituyen un tiempo importante para prepararos a la entusiasmante misión a la que el Señor os llama. Permitidme que subraye dos aspectos que caracterizan vuestra experiencia actual. Ante todo, los años del seminario implican cierto alejamiento de la vida común, cierto «desierto», para que el Señor pueda hablar a vuestro corazón (cf. Os 2, 16). En efecto, él no habla en voz alta, sino en voz baja; habla en el silencio (cf. 1 R 19, 12). Por tanto, para escuchar su voz hace falta un clima de silencio. Por esta razón, el seminario ofrece espacios y tiempos de oración diaria, y cuida mucho la liturgia, la meditación de la palabra de Dios y la adoración eucarística. Al mismo tiempo, os pide que dediquéis muchas horas al estudio: orando y estudiando, podéis construir en vosotros el hombre de Dios que debéis ser y que la gente espera que sea el sacerdote” (Benedicto XVI a los seminaristas de Roma, 2008).

P. Andrés Ferrada
Prefecto de estudios